domingo, 9 de febrero de 2014

COMIENZO DE UNA HISTORIA.
Tilcara (09-12 febrero 2014).

De “la ciudad del desierto” continuamos sumando kilómetros en las carreteras argentinas y llegamos hasta el pueblo de Tilcara, aquel sitio donde un año atrás aproximadamente en pleno carnaval coincidieron en un hostel Pablo y Gabriela, quienes acompañados de un vino, compartieron sus deseos por viajar y conocer Latinoamérica, conversación que se materializó y se bautizó como América en Bus, donde cerca de una veintena de aventureros provenientes de diferentes lugar del sur del mundo nos unimos por una causa en común y, que tras casa dos semanas de viaje, llegamos por fin al lugar donde se gestó la idea.

Estacionamos a Wayra al costado de una estación de servicio cerca de la carretera principal, motivo por el cual debíamos caminar un pequeño trayecto hasta el pequeño poblado que antiguamente formó parte del imperio Inca y que actualmente tiene una población de alrededor 5.000 habitantes. La idea inicial era disfrutar de los carnavales pero lamentablemente no coincidimos, razón por la cual el lugar estaba muy tranquilo y con escasa gente en sus calles, aunque sumaría temporalmente una nueva integrante: Angela Patricia(quien viajó varios días desde su natal Colombia). En la tarde, Agustina nos comunica que había tomado la decisión definitiva de abandonar América en Bus y que en la noche tomaría un bus de regreso a Mendoza, su tierra natal. Con tristeza, aceptamos su decisión y la acompañamos al terminal para despedirnos. Era la primera baja y se sentía. Antes de dormir, llegó “Celestita”(quien volvía de unas vacaciones en familia) y con Giovanna cocinamos un plato típico chileno, “Carbonada”, consistente en una mezcla de papa, carne y verduras. Debido a las condiciones(de infraestructura y clima) en las cuales se realizó la preparación, ésta no quedó de la mejor manera pero igualmente se disfrutó.


El día siguiente nos organizamos en grupos y fuimos a visitar el famoso “Pucará” de Tilcara(aunque nunca fue un fuerte o fortaleza y por lo tanto el nombre no es el más correcto) y cuya imagen forma parte de una de las caras de las cinco monedas de un peso de la serie Centenario de la Revolución de Mayo. Tras pasar por el poblado y seguir unos caminos de tierra, se llega a la entrada donde se debe pagar una entrada. Ya en el interior, se puede ver un jardín con una amplia variedad de cactus y posteriormente poco a poco comenzamos a subir acompañados de un guía local, quien nos cuenta de la historia del lugar desde su origen gracias a los Omaguacas en el siglo X hasta el siglo XVI cuando fueron conquistados por los españoles. Estando en la parte alta, nos encontramos con un gran monumento en forma de pirámide truncada(bien distante a la tradicional arquitectura del sitio) como homenaje a Juan Bautista Ambrosetti y Salvador Debenedetti, quienes encontraron el lugar a inicios del siglo XX y comenzaron los trabajos de restauración y recuperación. Una mirada a los alrededores, nos permite dar cuenta de la privilegiada posición estratégica en la que se encuentra el sitio, y cómo ésta ayudaba para el control de los campos agrícolas de las quebradas aledañas y el tránsito por los caminos cercanos. Dejamos para el otro día, una visita a la Gargante del Diablo. 


Despertamos temprano, como de costumbre gracias al intenso sol que cada mañana se hacía sentir a través de las ventanas del bus, y caminamos el largo trayecto de 5 km por pedregosos senderos hasta la Garganta del Diablo, cuyo recorrido se vió interrumpido por una pausa para disfrutar de una empanadas locales. Desde la entrada, se debe descender para poder apreciar desde un mirador esta belleza natural, consistente en un gran cañón formado gracias a la erosión en las rocas por parte de las aguas del río Guasamayo. También es posible acceder por una vía “alternativa” a otro sector del río donde se puede descansar y disfrutar de la naturaleza más de cerca.


En la noche asistimos a una “peña” que se realizó en un pequeño local de Tilcara donde había música en vivo y nos permitió compartir con la gente local. En el interior, el ambiente era muy festivo y poco a poco los efectos del consumo de alcohol se hacía sentir en los asistentes, mezclándose de manera natural residentes y visitantes. Avanzada la noche me retiro del lugar y camino hacia el bus junto a Patricia, con quien había compartido algunos momentos los días anteriores como en el asado del camping en Metán, unas cervezas en el bar de Acheral, algunas caminatas por Salta y Tilcara. Nos fuimos conversando amenamente, momentos en los cuales Patricia me preguntó varias veces: ¿por qué eres tan mimoso? Ya en el interior del bus y estando Patricia acostada en su “cucheta”(cama), me dice: Puerto, vení. Me regreso y, me sorprende con una nueva pregunta, interrogante a la que no dudo en contestar con un sí. Luego de mil kilómetros a bordo de Wayra y con un beso, sellamos nuestro compromiso de recorrer y descubrir juntos las maravillas de nuestro continente.

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