martes, 29 de julio de 2014

AL RITMO DEL CARIBE.
Barranquilla (29-31 Julio 2014)

Al inicio de nuestro andar una moto se detiene y nos ofrece dejaros en la carretera, por lo que llegamos rápidamente. Ya en ésta, comenzamos a leventar el pulgar hasta que un auto se detuvo y aceptó llevarnos. Felizmente para nuestros propósitos, el conductor se dirigía a la ciudad de Barranquilla por lo que no habrían pausas en el camino.


El chofer nos contó que trabajaba en una mina en la guajira pero que debía ir a Barranquilla por asuntos personales. Tras un poco más de dos horas donde pasamos por zonas industriales y luego pesqueras, junto al ritmo de Silvestre Dangond sonando en el stéreo, llegamos al río Magdalena, donde estuvimos bastante tiempo detenidos producto de un “trancón” que había en el puente, momentos en los cuales nuestro amigo nos contaba sobre la actividad industrial del sector y las bondades del río. Pasamos el puente y minutos después nos bajamos del auto, agradeciendo la ayuda prestada.

Comenzamos a preguntar sobre cómo llegar a casa de Vanessa, nuestra couch en la ciudad, hasta que finalmente siguiendo las indicaciones de la gente del lugar, llegamos al paradero de los “motocarros”, donde tras definir el precio, nos subimos y dirigimos a destino. Tras un breve andar y una pequeña espera, Vanessa apareció y nos invitó a pasar. Luego de una pequeña conversación y acomodar nuestras cosas, nos fuimos a almorzar.

El lugar que nos recomendó Vanessa quedaba a pocas cuadras de su casa por lo que nos fuimos caminando bajo un intenso sol. Llegamos al restaurant y el joven encargado de la parrilla nos invita a pasar, ofreciendo un menú tentador tanto en precio, como en cantidad y calidad de la comida. El primer piso del local no estaba muy fresco, motivo por el cual nos aconsejaron subir al siguiente nivel donde había aire acondicionado. Subimos y fuimos atendidos por una mesera que no solo atendió de manera poco servicial, sino que además nos modificó la oferta inicial del parrilero: subió el valor (por el uso de aire acondicionado) y bajó la cantidad de comida (debido al agotamiento de una parte del menú). Ante este panorama, se bajó a hablar el asunto y finalmente se llegó a un acuerdo tanto en el precio como en la comida. Para nuestra suerte los platos fueron contundentes y exquisitos, lo que ayudó a compensar el mal rato pasado inicialmente. Nos retiramos del local y volvimos a casa de Vanessa, para más tarde ir a visitar el Museo del Caribe.


Tomamos el bus que nos dejó en una de las calles principales de la ciudad donde había una gran cantidad de comercio tanto fomal como ambulante, además de un marcado apoyo al equipo de fútbol de la ciudad (Junior) a través de la venta de toda clase de artículos. Finalmente llegamos a un edificio inmenso donde se encuentra el Museo del Caribe. Compramos nuestras entradas a un precio rebajado y nos apuramos en visitar las salas, debido al poco tiempo que restaba antes del cierre. Subimos en el ascensor y fuimos invitados a visitar una sala dedicada al escritor recientemente fallecido Gabriel García Márquez, donde además de algunos objetos pertencientes al bate y diarios de la época, se proyectaban animaciones de algunas de sus obras. Las siguientes salas nos contaban sobre la geografía e historia de la zona, sus pueblos originarios, elementos típicos de toda índole, su música, sus lenguas y, como broche de oro, en la última sala se proyectaba en las paredes una presentación con la música y bailes típicos de la zona. Vale la pena una visita con más tiempo. Salimos y regresamos a la casa donde estábamos hospedados, para lo cual abordamos una micro del caótico sistema de transporte en la cual anduvimos más del tiempo debido a que se nos pasó la parada donde nos debíamos bajar y tuvimos que esperar a que la micro pase nuevamente por el lugar al regreso. Ya de noche llegamos a casa de nuestra anfitriona.

La mañana siguiente Vanessa nos avanzó en auto hasta donde quedaba la universidad donde estudia, lugar que quedaba en la ruta hacia el Castillo Salgar que era adonde nos dirigíamos. Debido al sofocante calor y la distancia que nos separaba, subimos a bordo de una moto que nos llevó hasta el lugar. El castillo actualmente es un restaurant que estaba cerrado y además se realizaban reparaciones, por lo que solo nos quedaba disfrutar de la vista privilegiada de las costas aledañas. En el sitio se encontraba una pareja, quienes tras una breve conversación nos invitan a conocer Puerto Colombia, una localidad cercana, por lo que aceptamos gustosos.


En el viaje hacia Puerto Colombia fuimos intercambiando aventuras: mientras ellos nos contaban de las fiestas que se hacían en esta zona, nosotros compartíamos experiencias de nuestro viaje. Ya en Puerto Colombia, visitamos el remodelado camino de la costa, la plaza y el museo de la ciudad, donde por esos días se exhibía una exposición sobre un buque alemán hundido en las costas. Al salir fuimos al muelle y luego retornamos a Barranquilla. Llegamos a almorzar, y más tarde realizamos unas compras, volviendo en la noche a casa, no sin antes probar unos “bolos” artesanales en el centro y unas hamburguesas al bajar de la micro, las cuales tenían un atractivo anuncio publicitario: (con voz de niño chillón) ¿A cómo!!!!? , (con voz de locutor radial) A solo $2.500.

Al otro día nos fuimos en auto con Vanessa hasta las cercanías del estadio, donde nos bajamos, despedimos y dimos las gracias por su ayuda. Tras un intento fallido por entrar al estadio y visitar el (pobre)monumento a la cantante Shakira, fuimos al paradero para abordar un bus hacia nuestro próximo destino: Cartagena de Indias.


TIPS DE VIAJE.

1 USD = 1850 COL.

Mototaxi cruce a casa de Vanessa: 2000 col. (10 min).
Busetas:
3200 col. (2 viajes urbanos).
Entrada museo del Caribe:
7000 col.
Almuerzo en el centro:
5500 col.
Hamburguesas:
5000 col. (2 unidades).
Pasaje Barranquilla-Cartagena: 9000 col. (2,5 hrs).

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