jueves, 31 de julio de 2014

LA CIUDAD HEROICA.
Cartagena de Indias (31 Julio, 1-2 Agosto 2014)

Bajo un puente esperaban los buses que anunciaban su partida hacia la ciudad de Catalina, mítica indígena de la etnia Calamarí que acompañó a Pedro de Heredia en la pacificación de numerosas etnias de la zona y una de las mujeres más ricas de la zona. Tras acordar el precio con uno de los voceadores, nos subimos al bus.


El bus demoró en partir pues no partió sin antes estar totalmente repleto de gente, más aún, cuando en el camino se bajaba alguien, volvían a subir a otra persona en su lugar. Luego de cerca de dos horas y media desde que salimos de Barranquila, y habiendo disfrutado de numerosos vendedores de todo tipo de alimentos y objetos en el interior del bus destacando un artesano que vendía unas carteras de dama hechas únicamente con cierres, llegamos al terminal de Cartagena el que está retirado del centro, por lo que tuvimos que abordar un nuevo transporte para llegar a buscar un lugar donde dormir.

En el transcurso del viaje se puede apreciar por las ventanas la Plaza de Toros de la ciudad, los ríos que la cruzan y al bajar de la buseta, estábamos parados en frente de las famosas murallas construídas en los siglos XVII y XVIII por un lado, y la estatua de la India Catalina en el otro. Bajo un intenso sol caminamos hacia el sector de Getsemaní donde pretendíamos hospedarnos. Tras una extensa y extenuante búsqueda debido a la poca disponibilidad de lugares y los altos costos, finalmente nos quedamos hospedados en una habitación compartida con otros viajeros, lugar donde teníamos “tinto” (café) gratuitamente durante todo el día.

En la tarde nos decidimos a recorrer la ciudad, para estar en los lugares que siempre habíamos visto por fotos y no despertaban un alto interés. Así fue como caminando llegamos al sector de los baluartes de la zona costera donde nos sentamos a disfrutar de la bondades del lugar, donde quedé impresionado de la ostentosidad de los hoteles y de la gran magnitud del Colegio Salesiano San Pedro Claver comparado con el recinto donde había estudiado en mí ciudad.


Mientras caminábamos fuimos abordados por Manolo, un vendedor de artesanías que afirmaba que éstas eran trabajadas y traídas ten Barú (donde iríamos los días siguientes). Tras una larga conversación, que inició con datos turísticos del lugar sobre la casa donde habitó Gabriel García Márquez y que al final más se parecía a una negociación, donde él puso todos sus esfuerzos para que nosotros compráramos algo, finalmente nos terminó regalando algunas pequeñas piedras y deseando un feliz viaje. Seguimos caminando y maravillándonos con el lugar y las edificaciones. Ya caído el atardecer, y al igual que la mayoría de la gente que paseaba por ahí, hicimos una pausa para beber un trago, conversar y seguir disfrutando del momento. Más tarde, seguimos por la ciudad viendo su arquitectura y la gran actividad turística que se desarrollaba a esas horas, en especial en la plaza aledaña a la Iglesia de San Pedro Claver (sacerdote y misionero jesuíta español que luchó por la igualdad y derechos para los esclavos negros de la región apodado ”el esclavo de los negros” y cuya emotiva estatua se ubica a pocos metros de la iglesia), lugar donde se encuentran varias mesas donde poder desgustar de las delicias de la gastronomía local, así como también pueden ser atendidos o sacar una fotografía con una palenquera y sus llamativo sombrero de frutas en la cabeza. Volvimos al hostel y nos dormimos con la esperanza de ir a los museos y el castillo al otro día.


Al día siguiente nos levantamos, desayunamos y nos dirigimos hacia el Castillo de San Felipe de Barajas, que está algo distante del lugar donde hospedábamos. Caminamos nuevamente bajo un intenso sol, donde tuvimos la oportunidad de apreciar de mejor manera el sector de Getsemaní, antigua zona de esclavos y que actualmente mantiene resabios de aquella época en sus construcciones y modos de vida, realidad muy distinta a la que se aprecia en la otra zona de la ciudad ubicada a pocos pasos, donde todo está preparado para que el turista se sientaa gusto. Llegamos a un puente y caminamos hasta llegar al Castillo de San Felipe ubicado en el cerro San Lázaro. En el lugar encontramos una gran cantidad de turistas que hacían fila para poder entrar, a pesar de las alta temperatura reinante en el lugar. Revisamos los precios en la taquilla, los cuales encontramos excesivos, por lo que decidimos retornar a recorrer el centro histórico y volver a venir al día siguiente más temprano, con la esperanza que haya menos gente y poder conseguir algún descuento.

De vuelta en la ciudad nos dirigimos a la zona del portal de la Torre del Reloj, en cuyos alrededores es posible abordar un carro tirado por caballos para pasear, además de contar con innumerables locales comerciales que ofrecen todo lo único puede necesitar y más, destacando una gran cantidad de vendedores de dulces y artesanías típicas del lugar con la imagen de la India Catalina, las murallas, el sombrero vueltiao o el Castillo de San Felipe.

Tras un breve caminar llegamos frente al Museo Histórico (Palacio de la Inquisición), lugar que inicialmente no íbamos a visitar (nuevamente) por el alto costo de la entrada, pero tras una pequeña insistencia y conversar de nuestro viaje con la encargada de la venta de boletos, logramos ingresar a una tarifa rebajada. Al pasar la puerta de entrada, nos encontramos con una gran muralla donde se nos cuenta un poco de la historia del lugar.

El Santo Oficio de la Inquisición de Cartagena, funcionó entre los años 1610 y 1811, posteriormente entre 1815 y 1821, períodos en los cuales fueron procesados cerca de ochocientas personas, en poco más de doscientos casos, pero solamente fueron enviados a la hoguera cinco de los acusados. El Santo Oficio de la Inquisición de Cartagena nunca se aplicó a la población indígena, y su actuar fue principalmente luchar contra la brujería, la bigamia y la solicitación (acoso de naturaleza sexual que tomaba lugar después de hacer el signo de la cruz).


En la zona baja encontramos una sala donde se exponen elementos sobre la brujería: pruebas de detección de éstas (inmersión en agua, prueba del peso) y los castigos a los que serían sometidas si eran consideradas culpables. En el piso siguiente, y tras subir unas escaleras, se encuentran varias salas de exposiciones donde se cuenta la historia y desarrollo de la ciudad de Cartagena, desde las primeras poblaciones hasta el día de hoy, pasando por los años que la catapultaron como el más importate puerto de esta zona del mundo y su posterior decadencia, a la vez de desarrollar de gran manera y de forma explicativa las constantes invasiones que sufriera y cómo la ciudad se fue fortificando con sistemas de defensa para evitar futuras tomas del lugar como la efectuada por el Barón de Pointis en el año 1697 en el castillo de San Felipe de Barajas.

Al salir del museo y luego de visitar nuevamente los baluartes, pasamos a tomar un café al tradicional café Juan Valdés, lugar en donde se pueden encontrar toda clases de productos de la afamada marca y degustar de cualquier de ellas acompañado de una torta o pastel a cualquier hora del día, especialmente a la salida del trabajo.


El día sábado despertamos temprano y fuimos nuevamente hasta el Castillo de San Felipe de Barajas con renovadas esperanzas de conseguir el anhelado descuento. Para nuestra suerte, el día amaneció nublado por lo que no sufriríamos en demasía con el calor de los días anteriores. Llegamos, había menos gente que el día anterior, por lo que hicimos un nuevo intento, pero el encargado de la taquilla nos dice que tales descuentos de ser posibles solo los puede autorizar un encargado de la corporación, quien recién retoma sus actividades el día lunes, lo cual no nos servía según nuestro itinerario. Con sufrimiento para nuestra economía, cancelamos la tarifa completa de la entrada al lugar (la que solo nos da derecho a recorrer el stio sin guía ni nada que dé una explicación), como nuestra intención era entender un poco de la historia del sitio, tuvimos que sumar al gasto anterior el pago en la ventanilla de al lado del arriendo de unos adífonos que traía un audio explicativo del lugar, divididas en 32 estaciones conforme uno recorre el recinto. Subimos la rampa de entrada y le dimos “play” al audio.

En nuestros oídos nos llegaba el relato de los orígenes del castillo, el cual comenzó a ser construído en el año 1536 por militares españoles y esclavos africanos con materiales como ladrillo y roca, en un sitio privilegiado como lo es el cerro San Lázaro, por su gran capacidad de avistamiento de toda la ciudad y la costa, lo que ayudaba a prevenir los ataques de los enemigos y minimiza los tiempos de reacción de las tropas. Siguiendo con el audio y mientras avanzábamos a la parte alta, se nos contaba las bondades de las construcciones y el relato de las batallas frente a los ingleses y franceses, y cómo las tropas a pesar de la desventaja militar que se les presentaba fueron capaces de defender el castillo, y por consiguiente la ciudad, del ataque del militar inglés Edward Vernon en el año 1741, quien tenía la misión de atacar y destruir la ciudad. Después de recorrer los pasillos se llega a una puerta que conduce a la entrada de los túneles subterráneos, donde es posible caminar por senderos que dan a distintos puntos del castillo, como también hay otros que están cerrados al público. Se cuenta que éstos fueron construídos a modo de defensa en el sentido que si alguien deseaba tomar posesión del castillo, la tropa se adentraría en los túneles y haría explotar la edificación, lo cual felizmente nunca pasó y hoy podemos disfrutar de esta hermosa obra arquitectónica, considerada una de las siete maravillas de Colombia y parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Terminado el recorrido, descendimos la rampa e hicimos devolución del equipo de audio que nos sirvió para entender la historia del castillo y lo que allí pasó en épocas anteriores. Luego nos fuimos rápidamente al hostel, para preparar nuestras cosas e ir a nuestro próximo destino: Isla de Barú.


TIPS DE VIAJE.

1 USD = 1850 COL.

Pasaje Barranquilla-Cartagena: 9000 col. (2,5 hrs).
Queque(biscocho):
1000 col.
Pasaje urbano en Cartagena:
1500 col. (un viaje).
Corto(café):
500 col. (vaso pequeño).
Hostel en Cartagena:
20000 col. (1 noche, compartido).
Almuerzo:
6000 col.
Museo de la Inquisición:
8000 col. (tarifa rebajada).
Café en Juan Valdés: 5900 col.
Entrada al Castillo San Felipe de Barajas: 22000 col. (17000 col. entrada+5000 col. audífonos).

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