sábado, 2 de agosto de 2014

VIVIENDO FRENTE AL MAR.
Isla Barú (2-4 agosto 2014)

Al llegar al hostel, alistamos nuestras mochilas e hicimos las últimas consultas a la gente de recepción sobre cómo llegar a Isla Barú. Seguimos las indicaciones dadas y abordamos una buseta que decía “Pasacaballos”, la cual es una localidad de paso. El bus íba repleto y los vendedores se alternaban para ofrecer aguas y helados. En una de las paradas se sube un vendedor, el cual pensé iba a ser igual que los anteriores pero felizmente me sorprendió, ya que en medio de su discurso a los pasajeros nos dice: “la peor discapacidad no es la física, sino la mental. El no sentirse capaz, o creerse superior”. Tras terminar el discurso, pasó por cada uno de los asientos y se retiró del bus.

Luego de un viaje algo lento y caluroso, finalmente fuimos avisados por el ayudante que nos debíamos bajar. El mismo nos recomendó subirnos a una moto de un chofer de confianza, con el que negociamos el precio de la carrera hasta Barú y nos subimos. Después de cerca de media hora, tiempo en el cual pasamos por un puente, seguido de una extensa carretera rodeada de árboles y realizar un desvío en la ruta, llegamos al paradero de las motos, situado “arriba” de la zona de residentes de la isla. Nos bajamos y caminamos.


En los primeros escalones, ya podíamos sentir el mar y ver a la gente local caminar diciendo: cabañas, hamacas, camping, hospedaje. Llegamos al mar y empezamos a buscar un buen lugar para pasar la noche: seguro y limpio. Las ofertas llovían, aunque todos tenían precios similares, por lo que nos dimos el trabajo de examinar varios de los lugares en busca del más adecuado. Finalmente decidimos por Cabañas Zion, una construcción de madera y paja que atendía Dani junto a su familia, en la cual tendríamos una cama donde dormir y el mar a escasos pasos de nuestra habitación. Eso sí, el baño estaba afuera y la ducha era a “baldazos” (como en todas las opciones).

Tras dejar nuestras cosas en la habitación, salimos a disfrutar del mar, momentos en los cual fuimos abordados por los hijos de Dani, Daniel y Azumi, con quienes compartimos unas galletas y breves conversaciones, procurando que no peleen entre ellos. Más tarde los niños fueron llamados a cenar y llevados a dormir, por lo que quedamos en nuestras sillas disfrutando de la tranquilidad de la noche al ritmo del oleaje marino, mientras en la cabaña vecina se escuchaba un poco de música, a la vez que algunos turistas disfrutaban de cervezas y pizzas. Ya entrada la noche, nos dormimos.


La mañana siguiente despertamos temprano y salimos a disfrutar del mar, la playa y la arena. No digo disfrutar del sol, pues es demasiado intenso y peligroso, por lo que hay que cuidarse. El agua es cristalina pudiendo ver a través de ella y muy tranquila, lo que la convierte en un ideal para aquellos que no sabemos nadar pero queremos disfrutar del mar. El día lo pasamos entre estar en el mar (donde un local me intentó enseñar a nadar con pocos resultados favorables), leer y comer ensaladas de frutas que pasan ofreciendo en las horas del desayuno y el almuerzo. Otras opciones para pasar el día son realizar snorkel y visitar un acuario en una isla cercana, a donde se llega en lanchas al contratar un tour compartido o privado. Llegada la noche, y acompañados de un trago, nos sentamos a disfrutar de la tranquilidad del lugar, solo interrumpida nuevamente por la música del local aledaño.


Al otro día, despertamos y Patricia se fue directo al mar para disfrutar de los que serían sus últimos momentos en el mar caribeño, antes de emprender su viaje de regreso al Eje Cafetero. Mientras tanto, yo leía en la silla y esperaba la hora de partida. Con las mochilas listas y todo en orden, nos despedimos y abandonamos el lugar. Confiados en tener buena suerte y a pesar de la insistencia de varios de los conductores de las motos que llevan a Pasacaballos, caminamos bajo un sol intenso hasta la carretera, en la que felizmente y tras una breve espera, una camioneta se detuvo y nos llevó nuevamente hasta Cartagena de Indias.


TIPS DE VIAJE.

1 USD = 1850 COL.

Transporte Cartagena de Indias-Pasacaballos: 1800 col.
Cerveza en Barú: 3000 col.
Piña colada: 8000 col.
Cabaña ZION: 15000 col. (una noche).
Transporte en moto Pasacaballo-Barú: 7000 col.
Bandeja de frutas: 4500 col.

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