sábado, 1 de marzo de 2014

CARNAVAL.
Oruro (01-03 marzo 2014)

Poco más de trescientos kilómetros de hermosos parajes llenos de coloridas plantaciones como quinoa y maíz en la ruta que va desde Potosí fueron los que avanzó Wayra para finalmente depositar sus ruedas sobre la ciudad de Oruro, en donde por esos días se estaba viviendo el carnaval más importante del país y que fue declarado Obra Maestra del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco el año 2001. A esta fiesta asisten cada año cerca de 300.000 turistas quienes repletan las galerías para ver desfilar los cerca de cincuenta conjuntos folklóricos vistiendo coloridos trajes mientras realizan sus coreografías en honor a la Virgen del Socavón.


Era sábado cuando llegamos, un día después de la celebración del “Convite de los tíos” y mismo día de la majestuosa entrada folklórica desde tempranas horas de la mañana. Estacionamos a Wayra en una calle algo alejada de la avenida principal donde se realizaba el desfile de las comparsas y, donde curiosamente, no se vivía un ambiente festivo como todos estábamos esperando, si no más bien parecía un día más en el calendario. Recién instalados caminamos por las pequeñas calles con el fin de poder vivir en primera persona el carnaval junto a la gente local. A medida que avanzábamos la música se sentía más fuerte, las calles estaban repletas de gente y una vez que estuvimos en las cercanías de la avenida principal continuar el camino era una proeza. Contrario a lo que pensábamos, para poder ver desfilar a las comparsas debíamos pagar por un lugar en las galerías, valor muy alto en comparación a nuestro bajo presupuesto diario, por lo que desistimos de esta idea. Antes de regresar al bus, almorzamos en el comedor de una casa particular que por esos días se convertía en un restaurant, lugar que nos permitió disfrutar después de bastante tiempo de una comida “como en casa”: sentados en una mesa, con mantel, cubiertos, vasos y un baño a nuestra disposición (el que fue altamente usado).


El reloj marcaba cerca de las 18 horas cuando nos enteramos de una lamentable noticia: mientras desfilaba La Banda Espectacular Poopó de Oruro ocurrió el desplome de una pasarela en la avenida 6 de agosto esquina avenida del Ejército, dejando como resultado algunos muertos y varios heridos. Al no contar con televisión, radio, internet u otro medio para poder conocer un poco más sobre esta lamentable noticia y el destino del carnaval, debimos salir de Wayra para aprovechar las radios de las casas de la gente local, donde cada cierto tiempo se actualizaba la noticia, al mismo tiempo, que se mantenía la duda sobre el cese o la continuidad de la celebración. Después de cerca de una hora se decidió continuar, pero en lugar de realizar la Entrada del Carnaval se hizo una peregrinación donde los diferentes danzarines y bandas de música se sacaron sus máscaras e interpretaron marchas fúnebres mientras seguían su recorrido hasta el Santuario de la Vírgen del Socavón, patrona de los trabajadores mineros de Bolivia. Al día siguiente y sin la presencia de la Banda Poopó, el carnaval continuó con el tradicional Corso, donde los demás grupos efectuaron un minuto de silencio en el lugar de la tragedia, además de lucir rosones negros. Finalmente serían cinco los muertos y más de setenta los heridos.

Aún sin dimensionar en su totalidad lo que había ocurrido el día anterior, nos levantamos en el bus y fuimos en grupo a caminar hasta lo alto de la ciudad donde se encuentra el Santuario de la Vírgen del Socavón, recorrido bajo el sol donde tuvimos ocasión de pasar nuevamente por las calles donde se vivía el carnaval, en un ambiente donde se mezclaba la tristeza y la alegría. Cuando llegamos, las afueras del Santuario estaban repletas de devotos de la vírgen, comerciantes y turistas, que se disputaban los mejores espacios para lograr obtener la mejor fotografía posible. Ya de regreso al bus, almorzamos en la calle un pescado a la parrilla que vendía una persona local, que resultó exquisito y muy económico. Más tarde, volvimos a salir hacia las calles principales, donde tuvimos oportunidad de presenciar de cerca por un breve momento de las danzas de las agrupaciones y compartimos con algunas de las bailarinas. 


Llegada la noche, organizamos en Wayra nuestra propia celebración del carnaval antes de despedirnos de Oruro y seguir rumbo hacia el norte del país. Compramos algunas bebidas, subimos el volumen a la radio y rápidamente el interior del bus se convirtió en una pista de baile donde todos compartíamos de manera festiva, para posteriormente trasladar la celebración hacia el exterior. La gente que pasaba nos saludaba algo distantes sin entender lo que sucedía en la calle, salvo Berta, quien pasó por el lugar y rápidamente se integró a nosotros, a pesar de los llamados que recibía a su celular por parte de alguien que la estaba esperando. Pasado un tiempo y junto a Marcos, Berta se anima a participar de “un desafío de besos en pareja” contra Patricia y mí persona, lo que generó una gran cantidad de risas entre todos nosotros. Más tarde, Berta se va dejando un grato recuerdo en el grupo (especialmente en Marcos). Ya caída la noche, cuando ya no quedaban más bebidas y el cansancio se comenzaba a hacer presente, dimos por terminado “nuestro carnaval” y nos fuimos a dormir. 

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